A seis meses de haber asumido la presidencia municipal de Victoria, la realidad es que la Capital del estado sigue siendo prácticamente la misma, con calles destrozadas, deficiencias en el alumbrado público y en la recolección de basura. Ni qué decir de las constantes fallas en los semáforos que ponen en peligro la vida de peatones y automovilistas.

Sinceramente no hay nada qué festejar, total, si estuviéramos mejor, pues es su obligación, para eso fue electo y por lo mismo se le paga. No está haciéndonos ningún favor.

En su desenfrenada carrera por convertirse en diputado federal, Almaraz ha gastado cualquier cantidad de millones de pesos. Su figura y gobierno mediáticos no van más allá de esa fría imagen, tan falsa como su propia sonrisa.

Muchos creyeron que iba a gobernar en forma transparente, pero a medio año de su administración, sigue haciéndolo al viejo estilo priista. En la capital del estado hay una serie de obras que realizaron sus antecesores Alejandro Etienne y Fernando Méndez. Muchas quedaron inconclusas o con serios defectos, pero jamás se atreverá a tocar a  los responsables.

Y por si fuera poco, con un Cabildo a modo, con muchos intereses empresariales de por medio ¿qué más podemos esperar?.

A diferencia del alcalde victorense que no tiene la mínima posibilidad de reelegirse, en otros municipios los ediles están trabajando duro porque quieren repetir, como es el caso de Vicente Verástegui en Xicoténcatl o Rolando Selvera, de San Carlos, por citar sólo dos ejemplos.

Pero aquí Oscar sigue viviendo en ese mundo color de rosa, negándose a ver la auténtica realidad de una ciudad con enormes carencias y múltiples rezagos. Luego entonces ¿en qué hemos mejorado?

Salió igual o peor que los otros…

 

 

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